CULTOS

Solemne Triduo en Honor y Gloria de Nuestra Señora de la Asunción a los Cielos

Primer día: María modelo de acogida y perseverancia

La primera meditación partió del Evangelio en el que Jesús enseña cómo actuar ante el hermano que se equivoca. El mensaje no fue presentado como una simple norma de corrección, sino como una llamada a asumir una verdadera responsabilidad sobre el otro.

El predicador subrayó que, cuando un hermano se desvía, la respuesta cristiana no puede ser el reproche inmediato, la condena o el distanciamiento. El camino propuesto por el Evangelio es progresivo: acercarse personalmente, buscar ayuda cuando sea necesario, implicar a la comunidad y, cuando ya no sea posible hacer más, continuar rezando por aquel hermano.

En este contexto apareció María como el gran ejemplo de esa actitud. Frente a nuestra tendencia a cansarnos de quienes nos han fallado, a recordar sus errores o a condicionar nuestra acogida, María permanece siempre disponible. Su maternidad no depende de que sus hijos sean perfectos: acoge, espera y acompaña.

La meditación invitó así a trasladar este comportamiento a todos los ámbitos de nuestra vida: la familia, el matrimonio, las amistades y, de manera especial, la propia comunidad de la Iglesia. El cristiano tiene una responsabilidad con quienes caminan a su lado y está llamado a no abandonar al hermano cuando este se equivoca.

La conclusión fue una llamada a imitar a María: cuando no podamos solucionar una situación, cuando nuestras fuerzas no alcancen, todavía podemos acompañar y rezar.

Primer día: María, Madre de todos y para todos.

La segunda jornada profundizó en uno de los aspectos más exigentes de la vida cristiana: el perdón.

A partir del diálogo entre Pedro y Jesús sobre cuántas veces debe perdonarse al hermano, el predicador insistió en que la respuesta de Cristo —no unas pocas veces, sino siempre— desborda nuestra lógica humana.

Una de las ideas centrales de la meditación fue la necesidad de distinguir entre perdonar y permitir que nos hagan daño. Perdonar no significa renunciar a la prudencia, a los límites o a la protección personal. Significa, sobre todo, tratar al otro desde el amor que Dios tiene hacia él.

El referente último de este perdón se encuentra en la propia cruz. Jesús perdona incluso mientras está siendo crucificado, sin esperar a que quienes le hacen daño hayan mostrado arrepentimiento. Y junto a Él permanece María. Precisamente al pie de la cruz recibe una nueva dimensión de su maternidad: no solo es madre de quienes aman a su Hijo, sino también de quienes lo rechazan, lo niegan o se alejan de Él.

De ahí que María sea presentada como Madre de todos y para todos. Su maternidad no queda condicionada por nuestras circunstancias, nuestros méritos o nuestras preferencias. Es una maternidad permanente.

La meditación quiso sacar este mensaje del ámbito estrictamente litúrgico para llevarlo a la vida cotidiana. El verdadero testimonio cristiano comienza al salir de la iglesia: en casa, en el trabajo, en la familia y en nuestras relaciones. No basta con escuchar el Evangelio; hay que intentar convertirlo en vida.

La invitación final fue, por tanto, a volver al pie de la cruz y preguntarnos qué debemos cambiar, a quién debemos perdonar y qué actitud debemos transformar. El perdón cristiano no puede ser solamente una palabra pronunciada: debe convertirse en una forma de vivir

convertirse en una forma de vivir.

Tercer día: María, mujer que se abandona en Dios

La tercera meditación centró la mirada en María como la primera discípula de Cristo, aquella que escucha la Palabra de Dios y la pone en práctica.

La meditación presentó a Jesús también en su humanidad: como verdadero hombre que crece, aprende y recibe de María y de quienes lo acompañan los elementos propios de la vida humana. En este contexto, María aparece no solo como Madre de Jesús, sino como la mujer que enseña, acompaña y, al mismo tiempo, aprende de su Hijo.

La clave se situó en la escucha de la Palabra. María no se limita a conocerla: la acoge y la hace realidad. Por eso constituye un modelo para todos los cristianos. Su grandeza no reside únicamente en haber sido escogida por Dios, sino en haber respondido con una confianza plena y perseverante.

El predicador vinculó esta actitud con el misterio de la Asunción. María es elevada a la gloria no como consecuencia de una autosuficiencia personal, sino como fruto de una vida entregada a Dios. Su ejemplo enseña que la vida cristiana no consiste en confiar exclusivamente en nuestras propias fuerzas.

Frente a la tentación de decir «yo puedo», la actitud de María es otra: «Señor, necesito de ti».La santidad, por tanto, no nace de la autosuficiencia, sino de la humildad de quien reconoce su fragilidad y se pone en las manos de Dios.

El mensaje del tercer día quedó así resumido en una llamada al abandono confiado: dejar que sea el Señor quien transforme nuestra vida, del mismo modo que María permitió que Dios realizara en ella grandes obras.

Función Solemne: María, Esperanza y Gloria

Como culminación de estos cultos, la Función Solemne estuvo presidida por nuestro director espiritual, Rvdo. Sr. D. Francisco José López Martínez, párroco del Ave María y San Luis y director espiritual de nuestra Hermandad.

Su predicación estuvo marcada por el misterio que la Iglesia celebra en esta solemnidad: la Asunción de María en cuerpo y alma a los cielos.

La homilía comenzó poniendo de relieve que la devoción a María forma parte profundamente de la sensibilidad de nuestro pueblo, pero advirtiendo del riesgo de reducirla a tradición, costumbre o manifestación folclórica. La Asunción no es simplemente una celebración vinculada a una imagen o a una tradición local: proclama una realidad fundamental de la fe cristiana.

María es, en palabras de la predicación, la primera discípula y creyente que participa de manera privilegiada de la Resurrección de Cristo. Ella ha sido llevada a la gloria en cuerpo y alma y anticipa así aquello que todos los cristianos esperamos alcanzar: la resurrección de la carne y la vida eterna.

La reflexión recordó que María es verdaderamente criatura humana: nació y murió, pero su cuerpo no conoció la corrupción del sepulcro. La Iglesia contempla en ella la primera realización plena de la esperanza cristiana.

También se explicó el sentido de la representación de María como Reina, coronada y gloriosa. Las imágenes, las coronas, los símbolos y la riqueza artística de la devoción mariana solo adquieren su verdadero significado cuando remiten a aquello que representan: María vive, reina junto a su Hijo y continúa siendo Madre e intercesora para nosotros.

La predicación invitó, finalmente, a contemplar a Nuestra Señora de la Asunción no como una figura perteneciente únicamente al pasado, sino como una presencia viva que señala el destino último del cristiano.

Así, el Solemne Triduo y la Función han trazado un mismo itinerario: María nos enseña a acoger al hermano, a perdonar, a escuchar la Palabra, a perseverar en la fe y, sobre todo, a poner nuestra vida en las manos de Dios.

Celebrar a Nuestra Señora de la Asunción es, en definitiva, mirar hacia aquella que ya ha llegado a la meta que nosotros esperamos alcanzar. María va delante de la Iglesia y nos recuerda que la última palabra no la tienen nuestras caídas, nuestras limitaciones ni nuestros sufrimientos, sino la gracia de Dios y la vida eterna.

Bendita sea María Santísima de la Asunción a los Cielos, Madre, discípula, Reina y esperanza de todos sus hijos.


Solemne Triduo en Honor y Gloria de María Santísima del Mayor Dolor

Primer día: María, modelo de fe perseverante

El primer día del Triduo, el Rvdo. Sr. D. Teodomiro Ortega Fernández centró su reflexión en la figura de María como modelo de perseverancia y fidelidad. Partiendo del pasaje de los Hechos de los Apóstoles, recordó cómo la primera comunidad cristiana permanecía unida en la oración junto a la Madre del Señor, descubriendo en ella el ejemplo perfecto de quien acompaña siempre al creyente hasta Cristo.

El predicador destacó que María no ocupó su lugar en la historia de la salvación mediante gestos extraordinarios, sino a través de una fidelidad constante vivida en lo cotidiano. Desde la profecía de Simeón hasta su presencia al pie de la Cruz, la Virgen mantuvo viva la esperanza incluso en los momentos de mayor sufrimiento.

La devoción a María, explicó, no puede reducirse a una admiración externa o sentimental, sino que debe impulsarnos a vivir una fe sencilla, perseverante y profunda. Del mismo modo que los Apóstoles encontraron fortaleza en su compañía, también hoy los cristianos están llamados a acudir a ella para aprender a orar, a confiar y a permanecer firmes en medio de las dificultades.

La homilía concluyó con una invitación a contemplar a María como mujer real y cercana, ejemplo de quien nunca dejó de creer y supo convertir el dolor en camino de esperanza.

Segundo día: La belleza que conduce a la verdad

Durante la segunda jornada, D. Teodomiro Ortega Fernández tomó como punto de partida el Salmo 44 para reflexionar sobre la relación entre la belleza y la verdad.

El sacerdote recordó que toda belleza auténtica posee una dimensión trascendente que invita a descubrir algo más profundo. En el ámbito de la fe, las imágenes, los cultos, el patrimonio artístico o las expresiones devocionales tienen sentido cuando conducen al encuentro personal con Cristo y no cuando se convierten en un fin en sí mismos.

A la luz de las letanías marianas, especialmente las invocaciones de «Torre de David» y «Torre de Marfil», presentó a María como modelo de fortaleza interior. Su verdadera belleza no radicaba en lo exterior, sino en una vida completamente confiada a Dios. La Virgen supo guardar los acontecimientos en su corazón, perseverar en la oración y descubrir la presencia divina incluso en aquello que no comprendía plenamente.

El predicador animó a los fieles a desarrollar una mirada sobrenatural capaz de descubrir a Dios en los pequeños acontecimientos de cada día. Frente a la tentación de quedarse en la pregunta del "¿por qué?", invitó a plantearse el "¿para qué?" de las circunstancias de la vida, siguiendo el ejemplo de María, que siempre vivió desde la confianza y la esperanza.

La reflexión concluyó recordando que la verdadera belleza es aquella que conduce a lo bueno, a lo verdadero y a lo eterno.

Tercer día: María, Madre de la Iglesia y Puerta del Cielo

En la tercera jornada del Triduo, D. Teodomiro Ortega Fernández centró su meditación en la necesidad de que la oración y las palabras dirigidas a Dios nazcan de un corazón sincero y no se conviertan en expresiones vacías o rutinarias.

A través de las letanías marianas, el predicador profundizó en algunas de las advocaciones que la tradición cristiana ha atribuido a la Virgen, destacando especialmente su papel como Madre de la Iglesia y Puerta del Cielo.

La homilía invitó a los fieles a redescubrir el verdadero sentido de la oración cristiana, entendida como encuentro personal con Dios y no como una repetición mecánica de fórmulas. María aparece así como la creyente perfecta que escucha, acoge y responde con autenticidad a la voluntad divina.

Asimismo, se puso de relieve cómo la Virgen continúa guiando a la Iglesia hacia Cristo, convirtiéndose en camino seguro para quienes desean vivir una fe más profunda y comprometida.

Función Solemne: María, templo vivo de la Santísima Trinidad

La Función Solemne, celebrada en la víspera de la Solemnidad de la Santísima Trinidad y presidida por nuestro director espiritual, el Rvdo. Sr. D. Francisco José López Martínez, puso el broche final a los cultos dedicados a María Santísima del Mayor Dolor.

Durante su homilía, el celebrante invitó a contemplar el gran misterio de Dios Uno y Trino, recordando que la única manera de conocer quién es Dios consiste en acoger aquello que Él mismo ha querido revelar. Jesucristo, Hijo de Dios hecho hombre, es quien nos manifiesta plenamente el rostro del Padre y nos muestra que la esencia de Dios es el amor.

El sacerdote subrayó que Cristo Crucificado es la expresión suprema de ese amor misericordioso: un Dios que se acerca al hombre, comparte su condición y entrega su vida para la salvación del mundo. Asimismo, recordó la acción del Espíritu Santo, que mantiene viva a la Iglesia y hace posible la fe, la oración y la vida cristiana.

En este contexto, presentó a María como el templo vivo y perfecto de la Santísima Trinidad. Elegida por el Padre, Madre del Hijo y llena del Espíritu Santo, la Virgen constituye el modelo acabado de la respuesta humana al amor de Dios.

Finalmente, animó a los hermanos a contemplar en María las virtudes que caracterizan la vida cristiana —la fe, la esperanza, la humildad, la fidelidad y la entrega—, recordando que ella sigue siendo el gran regalo que Cristo dejó a la Iglesia al pie de la Cruz. Bajo su amparo, concluyó, los fieles pueden caminar confiados hacia la promesa de la vida eterna.


UNA MISA PARA ABRIRNOS A JESÚS

"Los verdaderos cristianos debemos estar jubilosos"

Así comenzaba la Santa Misa nuestro director espiritual, el Rvdo. Sr. D. Francisco José López Martínez, con motivo del Acto de Piedad celebrado en el marco del II Congreso Internacional de Hermandades y Piedad Popular. Un acontecimiento muy especial no solo para nuestra Hermandad sino también para toda nuestra Archidiócesis para tener un encuentro especial con Jesús, a las puertas de la Navidad. Su homilía la basó en dos puntos fundamentales:

1. Acto de Piedad

La fe no es solo razón, sino también devoción. La importancia de la piedad y la devoción en la fe cristiana es la fe en Jesús como verdad y realidad actual, no solo histórica. De esta manera, el acto de piedad se centra en la devoción y la fe afectiva, destacando que la fe no es solo una cuestión de razón, sino también de confianza y devoción. Se enfatiza que la fe en Jesús es una verdad que se puede vivir en la vida diaria, en el trabajo, en casa y en la comunidad, en esta hermandad.

2. Confianza en el Señor

La importancia de la confianza en el poder de Jesús. La libertad humana en aceptar o rechazar la ayuda divina. La necesidad de abrirse a la acción de Jesús en la vida personal. Así, Jesús pregunta a cada persona si cree en su capacidad para realizar cambios en su vida. La respuesta afirmativa y la confianza en Él permiten que su poder se manifieste. Sin embargo, respeta la libertad de cada individuo para aceptar o rechazar su ayuda. Es la puerta de la fe. Jesús respeta la libertad de cada persona y no forzará su entrada en la vida de nadie. Solo cuando alguien abre la puerta de su corazón y dice "sí, Señor, tú puedes", es cuando Él actúa. Jesús conoce a cada persona desde antes de su nacimiento. Él espera que cada uno abra la puerta de su corazón. La acción de Jesús depende de la aceptación y confianza de la persona.


Aquí podas encontrar toda la información relacionada con las celebraciones litúrgicas de nuestra Hermandad. Desde las fechas de los cultos anuales hasta detalles sobre misas, triduo, quinario, vía crucis y otros actos de devoción. Incluso podrás acceder a nuestros diferentes rezos, oraciones y ejercicios. Este espacio refleja el corazón espiritual de nuestra corporación, invitando a todos los hermanos y fieles a participar y vivir con profundidad nuestra fe y compromiso cristiano.