
CULTOS
Solemne Triduo en Honor y Gloria de María Santísima del Mayor Dolor
Primer día: María, modelo de fe perseverante

El primer día del Triduo, el Rvdo. Sr. D. Teodomiro Ortega Fernández centró su reflexión en la figura de María como modelo de perseverancia y fidelidad. Partiendo del pasaje de los Hechos de los Apóstoles, recordó cómo la primera comunidad cristiana permanecía unida en la oración junto a la Madre del Señor, descubriendo en ella el ejemplo perfecto de quien acompaña siempre al creyente hasta Cristo.
El predicador destacó que María no ocupó su lugar en la historia de la salvación mediante gestos extraordinarios, sino a través de una fidelidad constante vivida en lo cotidiano. Desde la profecía de Simeón hasta su presencia al pie de la Cruz, la Virgen mantuvo viva la esperanza incluso en los momentos de mayor sufrimiento.
La devoción a María, explicó, no puede reducirse a una admiración externa o sentimental, sino que debe impulsarnos a vivir una fe sencilla, perseverante y profunda. Del mismo modo que los Apóstoles encontraron fortaleza en su compañía, también hoy los cristianos están llamados a acudir a ella para aprender a orar, a confiar y a permanecer firmes en medio de las dificultades.
La homilía concluyó con una invitación a contemplar a María como mujer real y cercana, ejemplo de quien nunca dejó de creer y supo convertir el dolor en camino de esperanza.
Segundo día: La belleza que conduce a la verdad
Durante la segunda jornada, D. Teodomiro Ortega Fernández tomó como punto de partida el Salmo 44 para reflexionar sobre la relación entre la belleza y la verdad.
El sacerdote recordó que toda belleza auténtica posee una dimensión trascendente que invita a descubrir algo más profundo. En el ámbito de la fe, las imágenes, los cultos, el patrimonio artístico o las expresiones devocionales tienen sentido cuando conducen al encuentro personal con Cristo y no cuando se convierten en un fin en sí mismos.
A la luz de las letanías marianas, especialmente las invocaciones de «Torre de David» y «Torre de Marfil», presentó a María como modelo de fortaleza interior. Su verdadera belleza no radicaba en lo exterior, sino en una vida completamente confiada a Dios. La Virgen supo guardar los acontecimientos en su corazón, perseverar en la oración y descubrir la presencia divina incluso en aquello que no comprendía plenamente.
El predicador animó a los fieles a desarrollar una mirada sobrenatural capaz de descubrir a Dios en los pequeños acontecimientos de cada día. Frente a la tentación de quedarse en la pregunta del "¿por qué?", invitó a plantearse el "¿para qué?" de las circunstancias de la vida, siguiendo el ejemplo de María, que siempre vivió desde la confianza y la esperanza.
La reflexión concluyó recordando que la verdadera belleza es aquella que conduce a lo bueno, a lo verdadero y a lo eterno.
Tercer día: María, Madre de la Iglesia y Puerta del Cielo
En la tercera jornada del Triduo, D. Teodomiro Ortega Fernández centró su meditación en la necesidad de que la oración y las palabras dirigidas a Dios nazcan de un corazón sincero y no se conviertan en expresiones vacías o rutinarias.
A través de las letanías marianas, el predicador profundizó en algunas de las advocaciones que la tradición cristiana ha atribuido a la Virgen, destacando especialmente su papel como Madre de la Iglesia y Puerta del Cielo.
La homilía invitó a los fieles a redescubrir el verdadero sentido de la oración cristiana, entendida como encuentro personal con Dios y no como una repetición mecánica de fórmulas. María aparece así como la creyente perfecta que escucha, acoge y responde con autenticidad a la voluntad divina.
Asimismo, se puso de relieve cómo la Virgen continúa guiando a la Iglesia hacia Cristo, convirtiéndose en camino seguro para quienes desean vivir una fe más profunda y comprometida.
Función Solemne: María, templo vivo de la Santísima Trinidad
La Función Solemne, celebrada en la víspera de la Solemnidad de la Santísima Trinidad y presidida por nuestro director espiritual, el Rvdo. Sr. D. Francisco José López Martínez, puso el broche final a los cultos dedicados a María Santísima del Mayor Dolor.
Durante su homilía, el celebrante invitó a contemplar el gran misterio de Dios Uno y Trino, recordando que la única manera de conocer quién es Dios consiste en acoger aquello que Él mismo ha querido revelar. Jesucristo, Hijo de Dios hecho hombre, es quien nos manifiesta plenamente el rostro del Padre y nos muestra que la esencia de Dios es el amor.
El sacerdote subrayó que Cristo Crucificado es la expresión suprema de ese amor misericordioso: un Dios que se acerca al hombre, comparte su condición y entrega su vida para la salvación del mundo. Asimismo, recordó la acción del Espíritu Santo, que mantiene viva a la Iglesia y hace posible la fe, la oración y la vida cristiana.
En este contexto, presentó a María como el templo vivo y perfecto de la Santísima Trinidad. Elegida por el Padre, Madre del Hijo y llena del Espíritu Santo, la Virgen constituye el modelo acabado de la respuesta humana al amor de Dios.
Finalmente, animó a los hermanos a contemplar en María las virtudes que caracterizan la vida cristiana —la fe, la esperanza, la humildad, la fidelidad y la entrega—, recordando que ella sigue siendo el gran regalo que Cristo dejó a la Iglesia al pie de la Cruz. Bajo su amparo, concluyó, los fieles pueden caminar confiados hacia la promesa de la vida eterna.
UNA MISA PARA ABRIRNOS A JESÚS
"Los verdaderos cristianos debemos estar jubilosos"

Así comenzaba la Santa Misa nuestro director espiritual, el Rvdo. Sr. D. Francisco José López Martínez, con motivo del Acto de Piedad celebrado en el marco del II Congreso Internacional de Hermandades y Piedad Popular. Un acontecimiento muy especial no solo para nuestra Hermandad sino también para toda nuestra Archidiócesis para tener un encuentro especial con Jesús, a las puertas de la Navidad. Su homilía la basó en dos puntos fundamentales:
1. Acto de Piedad
La fe no es solo razón, sino también devoción. La importancia de la piedad y la devoción en la fe cristiana es la fe en Jesús como verdad y realidad actual, no solo histórica. De esta manera, el acto de piedad se centra en la devoción y la fe afectiva, destacando que la fe no es solo una cuestión de razón, sino también de confianza y devoción. Se enfatiza que la fe en Jesús es una verdad que se puede vivir en la vida diaria, en el trabajo, en casa y en la comunidad, en esta hermandad.
2. Confianza en el Señor
La importancia de la confianza en el poder de Jesús. La libertad humana en aceptar o rechazar la ayuda divina. La necesidad de abrirse a la acción de Jesús en la vida personal. Así, Jesús pregunta a cada persona si cree en su capacidad para realizar cambios en su vida. La respuesta afirmativa y la confianza en Él permiten que su poder se manifieste. Sin embargo, respeta la libertad de cada individuo para aceptar o rechazar su ayuda. Es la puerta de la fe. Jesús respeta la libertad de cada persona y no forzará su entrada en la vida de nadie. Solo cuando alguien abre la puerta de su corazón y dice "sí, Señor, tú puedes", es cuando Él actúa. Jesús conoce a cada persona desde antes de su nacimiento. Él espera que cada uno abra la puerta de su corazón. La acción de Jesús depende de la aceptación y confianza de la persona.

Aquí podas encontrar toda la información relacionada con las celebraciones litúrgicas de nuestra Hermandad. Desde las fechas de los cultos anuales hasta detalles sobre misas, triduo, quinario, vía crucis y otros actos de devoción. Incluso podrás acceder a nuestros diferentes rezos, oraciones y ejercicios. Este espacio refleja el corazón espiritual de nuestra corporación, invitando a todos los hermanos y fieles a participar y vivir con profundidad nuestra fe y compromiso cristiano.

